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Conflicto en Irán recortaría 0,3% del PBI global y elevaría la inflación, según informe

La escalada del conflicto en Medio Oriente comienza a trasladarse a las proyecciones de la economía mundial. El encarecimiento del petróleo y del gas, impulsado por la tensión bélica con Irán, ya llevó a analistas internacionales a recalcular sus estimaciones de crecimiento e inflación para los próximos meses.

Un informe reciente de Goldman Sachs advierte que el shock energético derivado de la guerra podría restar cerca de 0,3 puntos porcentuales al crecimiento del PBI global el próximo año. Al mismo tiempo, la presión sobre los precios de la energía podría agregar entre 0,5 y 0,6 puntos a la inflación mundial.

El estudio fue elaborado por los economistas Joseph Briggs y Megan Peters, quienes analizaron el impacto que la nueva dinámica del mercado energético podría tener sobre la actividad económica.

Choque energético: el alza del crudo presiona costos y consumo mundial

El análisis parte de un cambio en las previsiones para el petróleo y el gas tras el recrudecimiento del conflicto y las tensiones en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el transporte de crudo a nivel global.

Según el banco, cuando se producen shocks energéticos de esta magnitud, los efectos suelen trasladarse rápidamente a la economía real. El encarecimiento de la energía incrementa los costos productivos, presiona sobre los precios al consumidor y termina afectando el ritmo de expansión de las economías.

Nuevas estimaciones para la economía mundial

En este nuevo escenario, Goldman Sachs corrigió sus cálculos sobre la evolución del PBI global. Ahora prevé que la economía mundial crezca alrededor de 2,6%, por debajo del 2,9% estimado antes de que estallara el conflicto.

Por otro lado, las proyecciones revisadas indican que la inflación global podría ubicarse alrededor del 2,9%, por encima del 2,3% estimado en el cálculo anterior del banco.

El alza del petróleo impacta la economía de Estados Unidos y ajusta previsiones

Las revisiones no se limitan al panorama global. En un informe difundido días atrás, los economistas Manuel Abecasis y David Mericle analizaron cómo el aumento del petróleo podría trasladarse a la economía estadounidense.

Según sus estimaciones, el crecimiento interanual del PBI en el cuarto trimestre podría situarse en torno al 2,2%, tres décimas menos que lo previsto anteriormente. Para el total del año, la expansión económica se ubicaría cerca del 2,6%.

En cuanto a inflación, el índice PCE —referencia clave para la Reserva Federal— podría registrar un aumento interanual del 2,9% hacia diciembre.

El petróleo, en el centro de la escena

El equipo de materias primas de la entidad también actualizó sus pronósticos para el mercado energético. Según las estimaciones vigentes, el crudo Brent podría cotizar alrededor de u$s98 por barril entre marzo y abril, lo que representa un incremento cercano al 40% respecto al promedio de 2025.

Sin embargo, si el conflicto se intensificara y afectara el tránsito de petróleo por el estrecho de Ormuz, las cotizaciones podrían escalar aún más. En un escenario extremo, el crudo podría llegar a ubicarse entre u$s110 y u$s145 por barril.

Un impacto más acotado que en la pandemia

A pesar de estas presiones, Goldman Sachs considera que el efecto macroeconómico de esta crisis podría ser más limitado que el observado tras la pandemia. En aquel momento, las interrupciones en las cadenas de suministro afectaron a varios sectores de la economía global de manera simultánea. Actualmente, el impacto se concentra sobre todo en el mercado energético.

Por otra parte, el comercio no relacionado con la energía con los países del Golfo equivale apenas al 1% del comercio global, lo que limita el riesgo de afectaciones más amplias en la producción y el intercambio internacional.

El principal riesgo seguirá siendo el encarecimiento de la energía y su traslado a los precios de la economía. Ese factor podría condicionar la estrategia de los bancos centrales en los próximos años.

De hecho, el banco señala que los mercados financieros ya comenzaron a ajustar sus expectativas: en varias economías avanzadas, como Estados Unidos, la eurozona y el Reino Unido, aumentaron las previsiones de tasas de interés hacia finales de 2026.

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