La noticia cayó como un baldazo de agua fría. Alejandra ‘Locomotora’ Oliveras se encuentra internada en terapia intensiva luego de sufrir un ACV y su estado de salud genera una profunda preocupación. Por estas horas, la exboxeadora de 47 años fue operada de urgencia, y aunque no hay muchos detalles oficiales sobre su evolución, lo que se sabe es que su cuadro es delicado.
Mientras todos cruzan los dedos por su pronta recuperación, muchos miran hacia atrás y recuerdan lo que la Locomotora representó. No solo por sus títulos en el boxeo -fue campeona mundial en cinco categorías diferentes- sino por la vida que llevó fuera del ring. Una vida que, como ella misma contó en varias oportunidades, estuvo llena de golpes. Golpes más duros que cualquier nocaut.
En una entrevista de 2022, Oliveras abrió su corazón en el programa Todo Pasa, y reveló uno de los momentos más crudos que vivió justo antes de tocar la gloria: “Diez días antes de irme a México a pelear por el título del mundo, encontré a mi marido en la cama con mi propia hermana”. Así, sin anestesia.
Ese combate fue en mayo de 2006, y terminó en victoria. Pero atrás de esa pelea había una mujer destrozada. “Me fui a México con el corazón destrozado. Creo que me vengué con Jackie Nava por lo que me había pasado”, dijo la Locomotora con una risa amarga.
LA INFIDELIDAD QUE CAMBIÓ PARA SIEMPRE LA VIDA DE LA LOCOMOTORA OLIVERAS
Durante años, Alejandra entrenó con el alma hecha pedazos. “Para no llorar, entrenaba, porque sentía que no podía suspender el sueño de mi vida”, contó. Dormía en el suelo, trabajaba en cinco gimnasios para mantener a sus hijos, y destinó los 2.800 dólares que ganó en ese combate a mejorar su casa. El amor con su ex no sobrevivió. “Estaba muy enamorada, pero nunca más volví con él”.
Pero su lucha no empezó ahí. Desde muy joven, Oliveras enfrentó la violencia. “Me pegaba durante el embarazo, lo hizo también después que nació y hasta que me separé”, reveló sobre su primera pareja, a quien un día enfrentó. “Lo esperé, cerré el puño y le di con toda la fuerza que tenía. Cayó sorprendidísimo al suelo. Agarré a mi bebé, una bolsa de nylon, y me fui. No volví nunca más”.
Hoy, esa mujer que transformó el dolor en fuerza pelea una vez más. Y sus palabras, dichas hace apenas un par de años, retumban con más peso que nunca: “Los golpes de la vida son peores que los del ring, porque no los esperás. La pelea más dura es la vida, es levantarte todos los días y decir ‘no voy a aflojar’”.